Alonso y 2027: reglamento, Honda y la FIA en la fase decisiva
Mike Krack sigue «tranquilo» esperando. Ben Sulayem quiere retenerlo. Alonso mide tiempos: sin reglamento atractivo y señales de Honda, no hay renovación automática.
Por Rick Aules

Fernando Alonso no ha dicho “me retiro”. Tampoco ha dicho “renuevo”. En el paddock, esa doble ausencia de verbos es más elocuente que cualquier titular.
Aston Martin llegó a Bakú con la misma respuesta de siempre. Mike Krack, jefe de pista, fue preguntado otra vez por el futuro del bicampeón y repitió el guion de Madrid: «Nada nuevo. […] Me siento tranquilo esperando a ver qué decisión toma Fernando.» Tranquilo el equipo; en vilo, medio planeta motor de habla hispana.
El contrato actual termina con 2026. Lance Stroll, en la práctica, no está en duda en la estructura de su padre. La silla que mueve el mercado —y la emoción— es la otra.

Qué pide realmente Alonso
Quien haya seguido al asturiano sabe que el dinero ya no es el único tablero. Los grandes contratos de la parrilla subieron el listón, sí. Pero Alonso ha insistido en otra cosa: necesita motivos deportivos para volver a disfrutar el límite. El reglamento de 2027, con más peso eléctrico en la unidad de potencia, no le enamora.
En Madrid lanzó una frase que resume la estrategia: conserva la esperanza de que las reglas se ajusten otra vez antes de que empiece la nueva era. «La vida está llena de sorpresas.» También dejó otra pieza contradictoria a propósito: si renueva, no tiene por qué ser un solo año; podrían ser varios. Días, semanas, meses… Él marca el reloj.
La FIA entra al tablero
Mohammed Ben Sulayem no ha ocultado que quiere a Alonso dentro de la categoría. Habló de reunirse con Lawrence Stroll, de preguntarle al propio Fernando qué necesita para mejorar el rendimiento y de “hacer cambios” para que no se vaya “por las circunstancias”. El presidente de la FIA llega a afirmar que Alonso le prometió que seguiría.
Suena a presión política de alto voltaje. La letra pequeña es otra: ¿cuánto se puede mover un reglamento 2027–28 cuando los fabricantes llevan meses diseñando? El propio Krack bajó expectativas: la hoja de ruta, dijo, ya está establecida; puede haber ajustes menores, como este año, pero no espera cambios drásticos. James Vowles (Williams) fue aún más seco en el debate público: los motoristas no podrían reaccionar a un vuelco de UP, y en aero deshacer trabajo ya hecho es un terremoto.
Honda, el socio que debe convencer
Aston Martin–Honda es el proyecto al que Alonso se ató con la vista en el medio plazo. Desde Japón, Shintaro Orihara evitó engancharse al discurso de Ben Sulayem: no hay “magia” externa; el foco es el plan de desarrollo interno. Honda no contempla grandes updates de motor para lo que queda de 2026 y mira a 2027 como el año de acercarse a la referencia.
Para Alonso, la confianza verbal en Honda ya no basta: necesita señales. Aston Martin cierra el tramo actual cerca del fondo de constructores (Alonso con 3 puntos en la tabla post-Bakú; Stroll en cero en varios cómputos públicos). Bakú no ayudó: falta de ritmo y abandonos que alimentan la narrativa de “año para olvidar”. Sepang, con su calor y su demanda distinta, será otro termómetro… pero el termómetro que importa de verdad no es una sola carrera: es si el proyecto 2027 merece otra temporada en el cockpit a los 45 años.
Lectura Boost F1
Alonso juega a tres bandas: reglamento atractivo, Honda creíble y Aston Martin con plan. La FIA quiere retenerlo; Krack espera sin nervios visibles; el mercado —Haas, Racing Bulls, rumores Alpine vía Briatore— observa por si la silla se abre. Ninguna de esas piezas, sola, cierra el trato.

La fase decisiva no es un anuncio de Instagram. Es una negociación de tiempos: Alonso puede alargar el silencio hasta que el paddock se impaciente… o soltar la noticia cuando más duela (o más ayude) al relato. Sepang será el próximo escenario de micrófonos. No esperen una respuesta clara el viernes. Sí esperen otra ronda de la misma partida de ajedrez.
Mientras tanto, en Boost F1 lo diremos sin adornos: la Fórmula 1 puede permitirse perder un asiento. Le cuesta mucho más perder a Fernando Alonso.